Después del día

(Te recomiendo que presiones      antes de comenzar)

(Las palabras y la música aquí caminan de la mano)

 

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Ella sentada sobre el borde de la cama, pensando en todas las cosas que debió sentir, viendo la espalda de la rutina durmiendo tranquilamente. Deja que toque tus senos, que baje sus manos por la cintura otra vez, que haga lo usual mientras recuerdas el vacío que hay entre tu cuerpo y el suyo, estando abrazados. Eres la sombra de tus fantasías, mientras los aromas llenan el viejo cuarto, dejando de lado la tibieza de la soledad que hace sólo instantes te cobijó; estás más excitada siendo otra, anteponiendo tus fotografías a una realidad que lo abarca todo, menos a ti misma. Los años pasan,  tus ojos no pierden las esperanzas de ver lo que noche a noche pintas sobre la cama, pero el tiempo se lleva tus mejores posturas, tu perfil perfecto es una triste mueca de paciencia.

 

Llevaste esa máscara por tanto, tanto tiempo, y el jamás intuyó que algún día caería. Nunca es tarde para desnudar lo que te excita, sentir en el fondo de tus piernas alguien que llena tus espacios, tus uñas con su piel y su piel con tus cicatrices; ya era tiempo de dejar romper tu blusa, de beber unos tragos de más, vagar por la ciudad borracha de calentura, por callejones con tantas salidas como sueños eróticos tienes. La noche está sobre tu cabello, las luces de la calle te muestran el camino.

 

Sientes la humedad, lo tibio. Las risas dejan caer los últimos miedos, mientras lo miras fijo frente a una casona que hace las veces de hotel. Las horas del día no tienen cabida en tu cartera, ahora eres un fragmento de locura, un trozo de rebeldía. Esa ligera línea que una gota de sudor creó llega hasta tus tobillos, puedes sentir sus manos tomándote, elevándote. Sientes su sabor, los labios no pueden contener, dejando caer sobre tus pechos hilos de saliva, mientras sigues de rodillas. No pensar es divino, todo es el momento y el lugar, el rabioso olor a cuerpos calientes, las quejas de la cama, tus piernas abriéndose; ese sonido, dolor y expresión al entrar en ti, los centímetros que recorre lentamente por dentro hasta tocar fondo. Su expresión al acabar es el detonante. Te pierdes en el vacío del orgasmo.


Durmiendo al lado de un extraño, descubres por fin quién eres.

 

 

 

 

si es ahi donde debia darte mi opinion,te diré que me gustado,escribes distinto a  los demas,tienes un" algo" que engancha,sabes escribir desde la mujer que creas..hasta el lector,vives en la piel de esa mujer hasta el termino del poema...transmites mucho...

de verdad que me ha gustado muchisimo te felicito petons muassss

ah y tambien por la manera tan espectacular de presentar el poema,y soy nueva aqui y apenas se colgar laas fotos jajajajja

 

De acuerdo con el comentario anterior, en parte...

saludos, Javi

Nuestra vida es como un sueño. Pero en las mejores horas nos despertamos lo suficiente como para darnos cuenta de que estamos soñando. La mayor parte del tiempo, sin embargo, estamos profundamente dormidos. Ludwig Wittgenstein

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